Si bien es cierto que durante su reinado se inicia la construcción de la Mezquita, la verdad es que no asumirá la necesidad de construir un templo hasta finales de su mandato, quizás entendiendo que finalizaban sus días sin dejar un legado religioso a sus ciudadanos.Abd al-Rahmán I al-Dahil o Abderramán I (el Emigrado) (Damasco, 731 - Córdoba, 788), fue un principe de la dinastía de los Omeyas que tuvo que huir de Siria tras el derrocamiento de su familia a manos de los abbasidas en la masacre de Abú Futrus (Egipto). Tras diversos destinos emigró definitivamente a Al-Andalus, conquistado ya hace cuatro décadas por su propia dinastía y donde encontró partidarios sirios. Derrocará al emir Yusef proclamándose emir independiente del Al-Andalus. Fundó la dinastía que aseguró el control omeya de España hasta 1031.
La elección del emplazamiento para la nueva Mezquita en la ubicación de
la basílica visigoda de San Vicente, con su consiguiente derribo, cumple con el
doble objetivo de ocupar un espacio ya utilizado para el rezo así como
reutilizar los materiales que se obtendrían de la desmantelación
Su reinado (822-852) supone un período fructífero de la historia de los omeyas en España, así como una renovación intelectual frente a la tradición siria y las tendencias conservadoras de sus predecesores.Abd al-Rahman II nace en Toledo en el 792, y ocupará el trono de Al-Andalus con poco más de treinta años. Hijo y sucesor de Alhakén I, cuarto emir omeya de Córdoba, reinó desde el 25 de mayo de 822 hasta su muerte. Destacó su impulso constructor, edificando la ciudad de Murcia, la alcazaba de Mérida y las murallas de Sevilla.
Abderramán II fomentó las ciencias, las artes, la agricultura y la
industria. Durante su reinado se introdujo en al-Andalus el sistema de
numeración indo-árabe, con base decimal. Creó una biblioteca extensísima,
encargando a personas de alta cualificación que le trajeran de Oriente los
ejemplares de mayor aportación al saber. Atrajo a Córdoba a los más ilustres
sabios de su época y cultivó personalmente la poesía.
Aunque no realiza una nueva ampliación en la Mezquita, su obra más importante será la construcción de la ciudad palaciega de Medina Azahara.Abd al-Rahman III nace en el 891. Accedió al trono en el 912 y acabó con todos los rebeldes de Al-Andalus logrando la pacificación del reino omeya tras la capitulación de Zaragoza en el 937. Se proclamó emir y califa.
La intervención del primer califa
cordobés no afectó al oratorio. Pero agrandó el patio, derribó el primer
alminar y erigió uno nuevo que sería modelo para los minaretes almohades y los
campanarios mudéjares.
Este alminar se conserva actualmente
embutido en el campanario cristiano, aunque se conoce su alzado gracias a los
dibujos conservados.
El califato se basaba en la igualdad de todos los grupos étnicos y religiosos para acceder a los puestos de gobierno, acabando con la nobleza militar árabe, berberisca, eslava o de cualquier otro origen. El respeto a los cristianos, a los judíos y a la inmensa parte de la población, así como la constitución de una burocracia meritocrática y una clase media comercial y administrativa, fueron las bases de ese estado de bienestar.Al-Hakam II nace en el 915 y accede al trono en el 961. Es descrito como un dirigente muy religioso, virtuoso y piadoso. Sucedió a Abderramán III a los 46 años y continua la política de su padre y mantiene la paz y la prosperidad en Al-ándalus. La mayor gloria y esplendor del califato cordobés quedan enclavados en su reinado.
Amplió la mezquita, reformó el Alcazar y terminó la ciudad de Medina
Azahara. Dotó a la ciudad de alumbrado público nocturno y alcantarillado,
pavimentando además la gran mayoría de sus calles.
El control sobre el oro africano permitió a Almanzor contar con fondos casi ilimitados y acuñar dinares que reafirmaban su prestigio. Paralelamente a las campañas del Magreb, Almanzor estuvo consagrado a la guerra contra los reinos cristianos de España. Nada menos que 52 razias realizó Almanzor entre 978 y 1001.Nace en Turrux, una alquería perteneciente a la cora de Algeciras, probablemente en el año 938. Muy joven se trasladó a Córdoba donde realizó estudios de Derecho y Letras. Tuvo una fulgurante carrera que política, convirtiéndose en un férreo dictador que promulgó la guerra santa contra los cristianos.
Estas campañas contra los reinos cristianos del Norte poblaron Córdoba de
esclavos. La leyenda cuenta que los algunos de estos prisioneros cristianos
cargaron con las campanas del templo de Santiago hasta Córdoba y que, al
parecer, hicieron el camino de regreso dos siglos y medio más tarde, por
prisioneros musulmanes cuando Fernando III, el Santo las recuperó para la
cristiandad.
Conversión en catedral
Tras la reconquista cristiana de Córdoba
en 1236, Fernando III de Castilla convirtió la
mezquita en catedral,14sufriendo diversas
alteraciones que acabarán configurando la actual Catedral de Córdoba. Durante
toda la Baja Edad Media prevaleció ya convertida en catedral, adaptándose el
culto y la liturgia cristiana a la espacialidad islámica con algunos acomodos.
La Capilla Mayor fue situada bajo uno de
los lucernarios de Alhakén II,
en el ámbito rico de la Mezquita del siglo
X, sin alteraciones en la estructura anterior. La magnificencia del templo
musulmám determinó que la macsura y el mihrab quedaran intactos. Sin embargo,
con el paso de los siglos, la Catedral precisaba mayores acomodos y una mayor
dignificación en la Capilla Mayor, realizándose a finales del siglo XV (1489) una capilla cristiana donde
estaba la antigua capilla del siglo
XIII.
Aspecto actual de la
capilla de Villaviciosa, antigua capilla Mayor, que fue la primera intervención
cristiana en el edificio.
Crucero de la Catedral
de Córdoba.
Sin embargo, la mayor quiebra del
edificio islámico se producirá a lo largo del siglo XVI, pues en medio de la antigua mezquita
se levantará una gran nave cristiana bajo los auspicios artísticos y
arquitectónicos del Renacimiento; esto supuso una
ruptura grave con los postulados espaciales islámicos. No en vano la propuesta
fue polémica y estuvo sujeta a duros enfrentamientos entre diferentes próceres
(a favor y en contra).
Finalmente, intercedió el
emperador Carlos V para que se
realizara la obra, aunque más tarde se lamentara, como recogió J. B. Alderete,
con la famosa frase «habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis
puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes».
Tras esta gran reforma del siglo XVI, la antigua mezquita solamente recibirá
aditamentos menores y complementos de liturgia. A pesar de los avatares de la
historia, la antigua mezquita pervive en su esencia islámica, con la
singularidad de los elementos básicos. No obstante, superado el empeño
decimonónico por subrayar el elemento islámico, se trata de un híbrido
arquitectónico que sintetiza una buena parte de los valores artísticos de
Oriente y Occidente. Desde esa perspectiva, la Mezquita-Catedral representa una
síntesis de los vaivenes de la historia de España.
Aquí tenéis otro vídeo en 3D
Por último un vídeo actual con imágenes al detalle :





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